Los peores días de Bustinduy

Bustinduy, a las pocas horas de certificarse su derrota electoral, dio los primeros pasos de lo que ahora parece un plan. Primero anunció, sin respetar que lo hicieran los órganos de su partido, que Salvador Pendón tenía que seguir como presidente de la Diputación. Cerraba así el debate en ciernes para que nadie se atreviera a cuestionar al entonces alcalde de Ardales tras su pírrica victoria en su pueblo, que perdió luego a manos de IU y Falange Auténtica.
Luego decidió atrincherarse ella también en esa institución. Dejaba de cobrar del Ayuntamiento y se convertía en vicepresidenta primera de la Diputación. Se hacía cargo de la Sopde y de Madeca, dos entidades técnicas con gerentes al frente que no le restarán tiempo para su auténtico objetivo de controlar el partido. En este trasvase de poder, la secretaria provincial socialista mejoraba sus emolumentos considerablemente, algo de lo que, según la versión oficial, ni se había dado cuenta. Grogui tras el campanazo de Ardales, Pendón no opuso resistencia a esta maniobra, pese a que quebraba el reparto de poder entre la familia socialista que gobierna ahora el partido.
El objetivo del enroque, que incluyó mantener en el gobierno provincial a otros perdedores de las municipales, como el ex alcalde de Almáchar, Francisco Fernández España, o el candidato de Benahavís, es ganar tiempo. Jugárselo todo a la carta de lograr un buen resultado electoral para que nadie cuestione a los actuales dirigentes y se llegue al congreso provincial con los cuchillos menos afilados. Entonces se pactaría una ejecutiva más amplia que diera cabida a otras sensibilidades socialistas, pero siempre bajo la vara de mando de la actual secretaria provincial. No parece tarea fácil vistas las cifras globales del 27-M y la victoria popular.
Recompuesta la situación, Bustinduy decidió aceptar la invitación de un amigo empresario para viajar a China con su marido. Invitación legítima, pero muy poco oportuna porque coincidió con la visita oficial del presidente de la Junta, Manuel Chaves, que se quedó estupefacto, como los periodistas que le acompañaban, al encontrarse en un acto con la dirigente socialista. Inoportuna también porque en esos momentos en Marbella el juez Torres ponía en cuestión los regalos de una promotora implicada en Malaya a numerosos cargos públicos; porque en Mijas el alcalde, Agustín Moreno, volvía a hacer de las suyas y se subía el sueldo hasta los 126.000 euros anuales, y porque en la provincia cargos de la Junta habían comenzado a organizar reuniones comarcales del partido para preparar las autonómicas, algo que la dirección interpreta como una injerencia. Juan Paniagua se encargó de frenarlas.
La prioridad a la vuelta, por encargo taxativo de las ejecutivas regional y federal, de Luis Pizarro y de Álvaro Cuesta, era obligar al regidor de Mijas a que se bajara el sueldo o renunciara a su cargo. Había que sofocar el escándalo y el bochorno. Pero Bustinduy comete el error de meterse en la boca del lobo, y acude al feudo de Moreno en lugar de citarlo en Málaga o de mandar a algún emisario. Tras amagar con la rebelión y gobernar desde el grupo mixto, éste dimite, pero devuelve el golpe en forma de comunicado: su elevado sueldo al menos era transparente; otros deberían decir lo que cobran por sus múltiples puestos públicos.
La indirecta a Bustinduy era evidente, y este periódico le pregunta a la secretaria provincial cuáles son sus ingresos. A los dos días de no recibir una respuesta precisa, se publica el miércoles, siempre con cálculos a la baja, la suma de las tres remuneraciones que percibirá la secretaria provincial como vicepresidenta de la Diputación, como edil y como consejera de Unicaja: unos 110.000 euros al año. La reacción oficial no es admitir que la cifra es alta, sino cerrarse en banda, asegurar que el resto de cargos públicos que se comparan con Bustinduy en la información, entre ellos Zapatero, Rajoy, Chaves y Ramírez, cobran realmente más de lo que se ha publicado, y nunca desmentir los emolumentos de la aludida.
El jueves se informa en estas páginas de que los alcaldes socialistas de Cártama -José Garrido- y Álora -José Sánchez-, así como el primer teniente de alcalde de Rincón de la Victoria, José Domínguez Palma, han aprovechado los primeros Plenos de sus ayuntamientos para subirse los sueldos entre un 12 y 40 por ciento, según el caso. El nuevo regidor de Benalmádena, el también socialista Javier Carnero, reconoce el viernes que ha aumentado su salario un 38 por ciento, hasta los 58.000 euros. Ni una sola reacción oficial de la ejecutiva provincial, que se reunió ese día. La dirección la dedicó a recabar adhesiones, a eludir el problema -salvo la reflexión que hizo un senador- y a convertir a este periódico en el enemigo exterior. El argumento que se da es que Málaga hoy ha iniciado una "guerra" contra el PSOE porque la Diputación canceló en marzo un acuerdo de colaboración al no estar de acuerdo con el trato informativo que recibía. Bustinduy se presenta como víctima de una supuesta campaña de acoso ante la que los socialistas tienen que estar más unidos que nunca.
Sin embargo, casi dos meses después de las elecciones municipales, no ha hecho un solo amago de autocrítica para explicar por qué después de las inversiones más importantes de la historia por parte del Gobierno central, de la presencia como una sombra de la ministra de Fomento, de la visita de Zapatero para darle su aval, de la apuesta decidida de la Junta por Málaga o incluso después de convertir a Felipe González en vecino de la Carretera de Cádiz, el PSOE no sólo no ganó la Alcaldía de la capital, sino que ni siquiera logró un concejal más.
Lejos de aclarar el problema de sus ingresos totales, de unos 110.000 euros al año, o de sofocar la fiebre de subidas salariales que ha afectado a algunos de sus alcaldes, la secretaria del PSOE ha decidido enrocarse
Javier Gómez
Malaga Hoy - 22/07/2007
Etiquetas: Málaga






















