Asombro y pasmo

Dejar hoy al personal mudo de asombro y espantado hasta la médula no es tarea fácil. Pero poco a poco lo va consiguiendo el hatajo de impresentables que manejan esta cosa tan simpática que se llama economía. Naturalmente que en esa cuadrilla de espantajos están los que manejan cuentas públicas y privadas. Todos juntitos. Todos incompetentes y todos ignorantes. Porque esta es la única arista graciosa que tiene el poliedro infernal en el que nos han metido y que se llama crisis: estos prendas no tenían ni pajolera idea de lo que estaban haciendo, de lo que traían entre manos.
Los veíamos en los telediarios tan ufanos, tan gallitos, tan empaquetados, tan soberbios, con ese neolenguaje de los activos financieros, de las emisiones de deuda, del mercado hipotecario y demás zarandajas de la misma laya, y ha resultado que no tenían ni idea de lo que se traían entre manos. A vivir que son dos días, decían los muy zoquetes. Créditos para todos, dinero barato, hipotecas de saldo gritaba por las esquinas esta banda de zopencos. Han dado créditos, y esto es literal, de cuarenta millones de pesetas a quien ganaba ochenta mil; como estas las que quieran.
Pues nada, queridos zotes, presuntos sabihondos económicos, de los dos días que íbamos a vivir ha amanecido el segundo y nos hemos encontrado con el pijama puesto, la despensa vacía, el armario limpio y la cartera con telarañas. Y ahora, ¿a quién reclamamos?
En el colmo de la desfachatez, de la poca vergüenza y del tomarnos por tontos de babero, ahora resulta que las víctimas del despropósito tenemos que pagarle la fiesta a los manirrotos, a los inútiles, a los derrochadores. Ahora, con dinero público tenemos que ir al rescate de los multimillonarios que todo lo quisieron para ellos en tiempos de bonanza. Ojo a las palabras, siempre tan importantes. El término que han encontrado los listillos gubernamentales es ´rescate´. En la tercera acepción del diccionario de la lengua española se equipara rescatar a liberar. Dardo directo al más elemental sentimiento humanitario ¿quién puede negarse a liberar a alguien? Si me mí dependiese no los liberaba ni de ellos mismos. Si pudiese, nada haría; sencillamente los esperaría sentado en el infierno en el que ellos nos han metido. Porque además no tienen remedio. Tengo delante dos recortes de prensa impagables. En uno de ellos leo que los altos ejecutivos de AIG, la aseguradora norteamericana desplomada con un déficit superior a los ochenta mil millones de dólares y "rescatada" por el gobierno de los Estados Unidos, se fueron a un balneario de California, después del derrumbe, y se gastaron 440.000 dólares en unos días para relajarse después del esfuerzo que supone robar a varios millones de clientes a la vez. La otra noticia es europea: La misma historia pero en Fortis. El banco belga que ha estafado a millones de ciudadanos. Los sujetos autores de la fechoría se fueron a comer, para mitigar el dolor, y se gastaron 150.000 euros en el hotel Luis XV de Mónaco, tres estrellas en la guía Michelin. Estos son, estos y sus compadres españoles, alemanes, franceses, italianos,...., los que nos han metido en esta espiral descendiente de ruina y paro. Y mientras, como si no fuera con ellos. Saben que les han metido el miedo en el cuerpo a los gobiernitos incompetentes de la decrépita Europa y de los ya declinantes Estados Unidos con las venideras cifras de paro.
Y nada, a festejar el haberse conocido, a acojonar al personal y a arruinar a los que han sudado los cuatro duros que tienen en el banco. Y el personal todo, mientras, a seguir levantándose a las siete de la mañana para continuar pagando la fiesta.
Rafael Ordoñez
La Opinión de Málaga (13-10-2.008)
Etiquetas: Política






















