10 diciembre, 2006

Muere un asesino impune




Pinochet: "Se va a aplicar la ley marcial a toda persona que se le sorprenda con armas o explosivos. Va a ser fusilado de inmediato sin esperar juicios... ".





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Pinochet, retrato de un dictador





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11 de septiembre de 1973
Golpe de estado en Chile






11 - Diciembre: SE ACTUALIZA LA ANOTACIÓN

El dictador que gobernó con mano de hierro
Augusto Pinochet gobernó Chile con mano de hierro desde 1973 a 1990, tras dar un golpe de Estado al Gobierno de Salvador Allende “para liberar al país del yugo marxismo”. En esos años, miles de personas fueron asesinadas y torturadas por su régimen. Nacido en Valparaíso el 25 de noviembre de 1915, ingresó en la carrera militar a los 17 años y fue ascendiendo hasta que el propio Allende le nombró comandante en jefe interino del Ejército, en 1972. Sustituía a Carlos Prats, que había dejado el cargo para asumir el de ministro del Interior y que, precisamente, fue asesinado junto a su esposa por la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) en 1974. En las foto, con Fidel Castro, durante el Gobierno de Allende. Y con el Papa, cuando ya era un dictador asesino.







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Pocos nombres condensan el horror y la desvergüenza con la eficacia con que lo hace el de Augusto Pinochet, el general golpista y luego dictador despótico y corrupto muerto ayer en el Hospital Militar de Santiago de Chile a los 91 años, tras permanecer durante una semana afectado de un infarto y un edema pulmonar. Recientemente, con motivo de su último cumpleaños, tuvo un postrer rasgo de humor negro al difundir un escrito que leyó su esposa en el que, sintiéndose "cerca del final", manifestaba que no guardaba "rencor a nadie". No pedía perdón a los hijos que había convertido en huérfanos, ni a los compatriotas a los que había robado, sino que les decía que no les guardaba resentimiento. Su hijo menor atribuyó esta última enfermedad que le ha llevado a la tumba a la "presión judicial" y "persecución" de que estaba siendo objeto. Pinochet, que gobernó entre 1973 y 1990, tendrá un funeral sin honores de ex jefe de Estado y sólo como ex comandante de las Fuerzas Armadas chilenas, sin la asistencia de la presidenta Bachelet, que sufrió detención y tortura bajo su férula y cuyo padre, militar, fue asesinado por los golpistas.

Tenía múltiples causas abiertas, en efecto, aunque había conseguido con tretas no muy bizarras (fingiendo enfermedades, o exagerando sus efectos) evitar sentarse en el banquillo. Los crímenes de los que se le acusaba -asesinatos de disidentes en la llamada caravana de la muerte, torturas y desapariciones, secuestros de la Operación Cóndor, entre otros- suponen gravísimos atentados contra los derechos humanos; mucho más graves que los de corrupción que han aflorado recientemente. Sin embargo, son estos últimos -de hurto, malversación y tributarios, relacionados con depósitos de millones de dólares en cuentas secretas de bancos extranjeros- los que iluminan definitivamente la calaña del personaje que el pasado 26 de noviembre confesaba amar a su patria "por encima de todo".

Su muerte le libra de ser condenado por los tribunales, pero es de justicia recordar que ya se había quebrado el círculo de inmunidad (que impedía procesarle) construido a su medida como senador vitalicio; y que en ello jugó un importante papel la Audiencia Nacional de España al tramitar en 1989 una petición del juez Garzón de detención y extradición por terrorismo, genocidio y torturas. La petición no prosperó y, tras más de 500 días de retención en Londres, el ex dictador pudo regresar a Chile. Pero levantada la inmunidad ante delitos de jurisdicción universal y que por su propia naturaleza no tienen fecha de caducidad, otras demandas y querellas, algunas instadas desde otros países, han ido abriéndose camino frente a sus artimañas. Se han sucedido así sumarios sobre violaciones de derechos humanos y también sobre delitos económicos.

Todavía en octubre pasado, la Corte Suprema de Chile accedía a que Garzón interrogara a Pinochet y su esposa sobre movimientos financieros de la pareja que podrían ir dirigidos a eludir el embargo de bienes para indemnizaciones a las víctimas. Con su desaparición, Chile, consolidada hoy su democracia, pone fin a la pesadilla del pasado y cierra definitivamente el capítulo más cruel y siniestro de su historia reciente.
Editorial El Pais

Hoy también te recuerdo, Amanda
He consultado internet. Ayer las calles de Santiago no estaban mojadas, como ese lejano día que Víctor Jara nos cantó, para decirle al mundo que en Chile se mataba. Amanda paseaba por esas calles sin otro rumbo que el de su hombre que no llegaba, y la siniestra sombra de la dictadura se cernía sobre ella y sobre el cantante que la cantaba, el cantante que también fue asesinado. Ha muerto el dictador Pinochet, tranquilo, en la cama donde mueren los justos o los asesinos impunes. Y los miles de muertos y torturados que poblaron su tiempo, su largo país y su biografía, no han tenido quien les otorgara un acto de justicia. Siete veces perdió la inmunidad parlamentaria y otras siete, cual número maldito, la volvió a ganar, para vergüenza de su pueblo y de la historia. Dicen las crónicas que miles de chilenos le están llorando. También dicen que la mayoría de chilenos no quieren honores de Estado, y que, si lloran, es porque ha muerto sin ser declarado culpable. En este caso, como en tantos casos de tiranos mesiánicos y malvados, el país tiene el alma dividida, entre el aplauso de los que fueron felices con la tiranía, y la rabia de los que la sufrieron duramente. Cuando la justicia no cumple con lo justo, la historia no sobrevive a la confusión.

Muchos de nosotros, y hablo de mi generación y colindantes, crecimos con el mito de Chile. Cantábamos a Víctor Jara cuando él ya no tenía ni brazos para tocar la guitarra ni lengua para cantar. Como tantos, estuvo encerrado en el Estadio Nacional de Santiago y, como tantos, fue asesinado en las cloacas del régimen, sin otra culpa que anhelar un mundo mejor. Dicen los que le sobrevivieron que mantuvo la dignidad durante los días de larga tortura, y que solo hablaba de su mujer y sus hijas, su último recuerdo. Cuando visité isla Negra, el refugio de Neruda, recordé los versos del poeta que cantaba Jara: "Yo no quiero la Patria dividida / ni por siete cuchillos desangrada, / quiero la luz de Chile enarbolada / sobre la nueva casa construida". Ha muerto el asesino sin condena alguna. Sus víctimas aún gritan su dolor desde sus anónimas tumbas.
Pilar Rahola

  • Entrevista en 'Hoy por hoy' con Isabel Allende y el juez Baltasar Garzón
  • El golpista golpeado




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    Anotación de Juan Antonio @ 23:28:00   3 comentarios

    3 Comentarios:

    El lunes, diciembre 11, 2006 12:34:00 p. m., Anonymous Anónimo dijo...

    Una vez más la muerte le ha ganado la batalla a la justicia, pero como dijo el tito Allende en su último mensaje a los trabajadores y trabajadoras de Chile, nunca le ganarán la batalla a la historia.

    Cuando muere un dictador, te queda una sensación extraña que no podría definir, quizás sea por lo que he dicho anteriormente, la sensación de que no se ha hecho justicia y la muerte le ha ganado a ésta la batalla.

    Ayer día en el que murió el dictador, hablé telefónicamente con el administrador de la página y sobre este tema le transmití mi opinión, que este día yo quería vivirlo desde el recuerdo a Allende, por eso me parecía estupendo, que en este Blog, al abrirse se escuchase el último mensaje de Allende a su pueblo.

    Por el contrario no me apetecía en absoluto, comentar nada sobre el dictador, hoy afortunadamente el administrador no me ha hecho caso, y aquí me encuentro escribiendo sobre el dictador, y digo que afortunadamente no me ha hecho caso, porque ha medida que voy escribiendo, se me van cargando las pilas, esas pilas que siempre debemos tener cargada, las pilas de la lucha contra las injusticias, las pilas de la intolerancia contra los intolerantes, las pilas que nunca se nos debe descargar porque en ese momento nos convertimos en cómplices.

    Lamentablemente esto es así, porque estoy convencido que ayer, que se cumplían veintiocho años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ha ninguno de nosotros la fecha nos motivó para nada, pero cuando a la 17,00 Horas, nos enteramos que el dictador asesino había muerto, nos acordamos que efectivamente hay canallas que violan los derechos humanos, haciendo caravanas de la muerte como es el caso que nos ocupa o vuelos secretos como hacen otros.

     
    El lunes, diciembre 11, 2006 4:56:00 p. m., Anonymous Anónimo dijo...

    Mi buen amigo Pepe ha dicho ya todo lo que había que decir sobre este personaje de mirada siniestra, encarnación misma del mal que, con mayor frecuencia de la que deseáramos, afea el rostro humano hasta convertirlo en una caricatura de sí mismo; una caricatura salpicada de muy mala leche...
    Aunque el mayor sarcasmo, para mayor gloria de la humanidad, nos lo iba a deparar ese destino que deja escapar a sus peores hijos cuando los mejores muestran con descaro su impotencia para realizar la justicia. Una justicia que pretendemos seguir disfrazando de "declaración universal", a pesar de que todos sabemos que no es más que un inservible papel mojado en la mayor parte de nuestro planeta. Y en tamaña porción no dejo fuera esa parte del globo donde están enclavados nuestros domicilios, y que solemos llamar "el primer mundo".
    Las personas con cierta conciencia sensible, que aspiran a ser libres, y ven a los demás como fraternalmente iguales, no podíamos esperar a tener una ocasión mejor que ésta para quedar avisados del engaño en que la mayoría de las veces nos encontramos fatalmente instalados.
    El chacal humano que acaba de morir se ha ido completamente impune, y orgulloso de sus crímenes; y el pueblo chileno, al que fustigó con la más tétrica de las crueldades, continúa dividido sobre si reir o llorar su muerte...
    ¿Se puede llamar más claramente la atención sobre la enfermedad que padece el corazón humano?

     
    El lunes, diciembre 11, 2006 5:24:00 p. m., Anonymous Anónimo dijo...

    La alegría que me causó el 20 de Noviembre de 1975 la muerte del dictador EN ACTIVO F. Franco, o la que posteriormetne me causó la del genocida servio, Milosevich, no tiene punto de comparación con la que ayer me causó la muerte de Pinochet.

    Pinochet era ya una leyenda de modelo de dictador en la reserva, puesto que su pais ya le dio la espalda hace tiempo y comenzó el proceso de democratización en Chile sin posibilidad de continuidad, como ocurría en España.

    En nuestro corazon humano antifascista aun resuenan las explosiones en el Palacio de la Moneda, las palabras de despedida del Tito Allende (P. Ripoll), la música de Victor Jara y de su grupo Quilapayun, con aquel Te Recuerdo Amanda o El pueblo unido jamas sera vencido, que tanto enterneció nuestros corazones y nos dió el empuje y la fuerza necesaria para luchar juntos hasta el final de nuestra vida y no convertirnos en cómplices como muy bien han dicho Jesus y Ripoll.

    He conseguido superar mi rabia al haber muerto este asesino sin castigo cuando le he preguntado a mis hijos por este individuo y me han hablado muy mal de él, porque el recuerdo que queda en la historia de este asesino no es el de un Libertador de una nación, sino el de un fascista asesino, un mal bicho, que en los últimos años tuvo que soportar la verguerza de verse retenido, perseguido y hasta encarcelado durante una año en una carcel de plata en Inglaterra, pero lejos de SU pais, acosado por todos y defendido todavía por una asquerosa e inmunda minoría de gente ciega de odios y de ansias frustadas de poder.

    Pinochet no estuvo solo, estuvo la CIA y EEUU detras de todo el proceso y las grandes multinacionales del Cobre y de otros intereses económicos y por supuesto todos aquellos gobiernos y pasies que le tendian una alfombra de apoyo por donde pasaba. A ESOS TODAVIA NOS SE LES HA JUZGADO Y LA HISTORIA NO LOS HA PUESTO EN SU SITIO.

    Espero te pudras en el Cielo.

     

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