De investigación con Pedro J. y ...


Con la revelación de las conversaciones entre un periodista de El Mundo y un grupo de policías que relacionaban a unos compañeros investigados por tráfico de drogas y explosivos con el 11 M, el trabajo en el diario de mi amigo Pedro J. se ha desbordado. La investigación sobre el 11M se ha complicado de una manera desorbitada, ya que las ramificaciones de la trama llegan hasta los más recónditos rincones de nuestro país y tienen componentes absolutamente insospechados. Las órdenes de Pedro J. y Federico, que cuando sea conveniente harán saber a Mariano, son claras y precisas: no descartar nada, investigarlo todo.
Ante tan ingente cantidad de trabajo decidimos formar un equipo de choque, una especie de “call center”, que atienda los centenares de llamadas que se reciben cada día. En mis primeras horas de guardia me encuentro ya con algunas de lo más interesantes. No sólo ofrecen pistas sobre lo que pudo ocurrir aquel fatídico día, sino que dan una idea de hasta dónde ha llegado la putrefacción del Gobierno que padecemos: ladrones, traficantes de armas y drogas o proxenetas se unen a moritos, policías, guardia civiles, agentes del servicio secreto, etarras y políticos del PSOE en esta infernal trama.
A modo de ejemplo, para que se hagan ustedes una idea del calado que tiene la investigación, me permito transcribir aquí una de estas comunicaciones, salvaguardando el nombre real de quien se pone en contacto con nosotros en bien de la investigación.![]()
“El Mundo-COPE dígame”. “Mire que es que yo tengo un juicio pendiente para después de Navidad y sospecho que sin saberlo estuve implicado en el 11M”. “Muy bien, le escucho”. “Pues verá que es que yo por aquellas fechas no tenía trabajo y me agencié algunas carteras por la zona de Vallecas”. “!Ajá!, Así que en Vallecas, qué interesante, continúe”. “Vamos yo creía que esto lo hacía por iniciativa propia, pero la verdad es que la policía como que no puso mucho interés en detenerme, tardaron casi dos meses y mire que yo soy torpe, otras veces me habían pillado enseguida. Y me ha dado por pensar si no me estarían utilizando como un elemento de distracción, para que los otros pudieran actuar con más libertad”. “Entonces, ¿había otros?”. “Bueno yo no lo sabía, pero claro como está el servicio secreto, yo creo que a lo mejor me borraron la mente”. “No lo dude. Oiga y ¿recuerda usted haber tenido alguna relación por aquella época con moritos?”. “Pues ahora que lo dice, sí, por aquella época compraba yo muchas películas a un moro allí mismo en el parque que había frente al piso en el que los pillaron”. “Qué interesante ¿Y con vascos, alguna relación con vascos?”. “Pues no que yo recuerde, pero hubo un detalle al que en ese momento no le di importancia, pero que quizá la tenga. Verá, rompí el cristal de un coche también por aquella zona para llevarme el radiocassete, y dentro tenía una cinta”. “Déjeme adivinar, ¿a que era de la Orquesta Mondragón?”. “Pues no, era de la Oreja de Van Gogh”. “Es lo mismo, vascos. Todo esto no puede ser por casualidad. A ver ¿está usted dispuesto a jurar ante testigos lo que acaba de decirme?”. “Hombre, yo si sirve para que se olviden de lo mío, lo que haga falta, porque yo siempre he sido un ladrón honrado, yo no puedo vivir con esta angustia de saber que he sido parte de un crimen así”. “Nada, tranquilo, los patriotas como usted tendrán su recompensa”. “Oiga, y esto ¿cuándo va a salir publicado?”. “Pues a ver, déjeme mirar…Hay cuatro por delante de usted, el sábado que viene tenemos manifestación, el siguiente tenemos una cosita sobre Ruiz Gallardón, esto se va a poner allá por enero”. “Oiga, pero ¿será portada?” “A ver, enero lo tenemos bastante llenito, pero yo le prometo que si no es portada lo ponemos como primera el día que toque en el informativo de las siete de Federico”. “Vale, pero avísenme que lo pueda oír mi madre, que ella es que está coladita por el Francino”.
Borja María Zallana
Rodriguez Ibarra tiene razón. Pedro J. no distingue ya entre la realidad y la ficción.
A medida que se estrecha el cerco, la huída hacia delante es más desesperada. Lo imagino en la redacción de El Mundo, sudando bajo sus camisas de fantasía de rayas imposibles, pensando en la gloria de Watergate, con el estrés que proporciona la esquizofrenia de no distinguir ya entre la realidad y la ficción. Es un alquimista que cada mañana explora las probetas para la piedra filosofal de que los hechos se acoplen a sus intereses personales. Sus problemas de personalidad le permiten sobrevivir al ridículo de situaciones que nadie soportaría y en las que la amoralidad y la falta de vergüenza son una mixtura invencible. Todavía se empecina en que su apuesta del 11-M sea cierta, con la misma base científica del ludópata que posa la última ficha en la ruleta para la ensoñación de un pleno, solo porque sus obsesiones mandan sobre su voluntad.
Pedro J es un adicto al juego de la presión que no sabe retirarse cuando no tiene cartas. Pero además es un tramposo que busca los ases debajo de cualquier manga, a cualquier precio. Y gana, hasta ahora, porque los que se han sentado con él, delante del tapete verde de la vida, se han arrugado siempre con sus bravatas. El miedo es su arma letal solo porque los poderosos no se han dado cuenta de que él es un cobarde al que le tiemblan sus pálidas manos cuando se le mira a los ojos frunciendo el ceño. Entonces, como sus problemas psicológicos no le impiden intuir el peligro, se afloja porque sabe que por fin se encontró con alguien que le aguanta la parada.
Del amor al odio
Va armado hasta los dientes de una falta de moral que le permite alabar y promover el GAL para al cabo de los años utilizarlo como arma letal contra sus enemigos personales. Adoró al presidente de Telefónica cuando le podía nombrar emperador de Antena 3 y lo quiso meter en la cárcel cuando le quitaron el juguete. Era uña y carne con Francisco Álvarez Cascos hasta que las necesidades de sus divergencias le llevaron a amenazarle con publicar las conexiones del político asturiano con el ex policía Amedo y con el juez Garzón, que ejecutaban las declaraciones sobre el GAL con la música de fondo de meter en la cárcel a Felipe González. Los tres le odiaban por razones complementarias. El ex policía se sintió traicionado y siempre necesitaba más dinero para guardar silencio; al juez le dieron la puntilla en el PSOE, en donde no duró ni para contar su decepción, cuando no le hicieron súper ministro de Interior. En otro país no se hubiera consentido que un juez despechado actuara contra quien lo ofendió, pero ésta es la España de Ramírez. Y el periodista odiaba al ex presidente socialista como consecuencia de su propia naturaleza: siempre pasa por la vida lamiendo botas hasta que encuentra el ángulo para clavar el cuchillo.
Chistera inagotable
No sirve de nada que detengan salafistas en Ceuta en una nueva evidencia de la trama de Al Qaeda, porque el director de El Mundo ya está buscando si alguno de los detenidos tiene una prima en Mondragón para confirmar sus pretensiones. No se puede imaginar qué le queda algo por inventar pero, como duerme poco, lo encontrará. Se le ha agotado ya contratar a confidentes para hacer declaraciones al dictado, urdir tramas de policías corruptos que al final, después de apuntalar una primera página de El Mundo, terminan en prisión que es por donde tenían que haber empezado pero su chistera es inagotable.
Ahora su bandera de corsario es la piscina de Mallorca, que esgrime con el orgullo de quien consigue sumar un nuevo feudatario. Este estandarte de haber doblegado al Gobierno se lo dio José Luis Rodríguez Zapatero, agradecido porque no le recuerde nunca el director de El Mundo que él también era diputado socialista cuando el GAL mataba en Francia. Muchos ministros del Gobierno, con todo lo que ha caído, siguen haciendo cola para que este siniestro personaje les haga una entrevista o les cite en la columna del domingo.
Sin cartas y en la partida
Pedro J. se ha quedado sin cartas, pero sigue sentado en la partida. Todos los que están enfrente cerraran los ojos siempre cuando haga trampas porque el periodista incombustible los tiene cogidos por una parte dolorosa que no es lo suficientemente solvente para aguantarle el chantaje.
Carlos Carnicero
Los últimos escándalos protagonizados y publicados por el diario El Mundo, las declaraciones a favor de éste por parte del secretario general del PP Ángel Acebes, junto con la voluntad del diario de presentar este caso como una persecución política contra la libertad de prensa han irritado a algunos prestigiosos periodistas, que cargaban en sus respectivas páginas de Internet contra el que consideran "una vergüenza para la profesión".
Pedro J. Ramírez, víctima y victimario. ¿Qué le habrá molestado más a Pedro J. Ramírez?.El desmonte de sus nuevas exclusivas sobre la conspiración del 11-M porque sus chivatos son policías corruptos en busca de coartada. La revelación de que sus reporteros de guerrilla le llaman "sheriff" . Que la conversación entre El Mundo y los policías acusados de tráfico de explosivos y drogas sugiera ciertos enfoques interesados sobre las manifestaciones de la AVT.
La periodista vasca Isabel San Sebastián publicaba hoy en el diario El Mundo un inquietante artículo en el que tachaba de "ratas" a cualquier medio o partido que no avalase la teoría conspiratoria del diario que la tiene contratada. Nadie, salvo su periódico y los medios afines, logra escapar impune del escrito de la periodista vasca.
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Después de que el presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, anunciara el martes que se querellará contra Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos por las informaciones publicadas contra él en los últimos días en relación con el 11-M, los querellados han abierto la veda para criticarle. El Mundo publica hoy un amplio reportaje sobre los “insultos y amenazas” del dirigente socialista, Libertad Digital, editado por Losantos, dedica su editorial al extremeño, y en La Mañana de la COPE, el líder popular en Extremadura, Carlos Floriano, criticó la actitud “teatral” de Rodríguez Ibarra en su encuentro con Conde Pumpido.
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Etiquetas: Reflexiones















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